Pensar el sistema-mundo desde/con las imágenes. Memoria, historia, decolonialidad y globalización desde el ensayo visual


SEMINARIO


En las actuales circunstancias de complejidad geopolítica, y con unos medios de comunicación que parecen construir nuestra precaria (si no muerta ya) idea de construcción de la historia, ¿qué puede hacer el cine para pensar el mundo? ¿Qué podemos hacer los cineastas para operar en un sistema-mundo donde el aparato cinematográfico y los imaginarios mediáticos parecen estar, más que nunca, al servicio de las élites, a pesar de las múltiples grietas abiertas por donde se filtran trabajos visuales que contradicen las lógicas visuales hegemónicas?
¿Es, todavía, el documental y su “efecto de realidad” eficaz como herramienta política y cinemática, o la delgada línea entre ficción y no ficción ha socavado nuestra fe (si es que alguna vez la tuvimos) en las imágenes como índice de lo real? ¿El proceso de desnaturalización de la mirada, para el que tan útiles nos han sido las herramientas críticas provistas por los feminismos, la decolonialidad o las contranarrativas históricas del último siglo, ha acabado con las posibilidades del nuevo cine de “pensar el mundo”? ¿Podemos, desde la producción y la remezcla de las imágenes, ayudar a generar un pensamiento fuerte que se oponga al cerrado y ciego relato de la historia que diseñan los medios de comunicación? ¿Qué materialización pueden tener las memorias divergentes en un sistema donde la distribución de las imágenes es más opaca que nunca, a pesar de la facilidad que la red parece abastecer? ¿Se puede perder la potencia política de nuestros contra-imaginarios por sobreexposición en vez de por censura invisibilizadora?
Estas y otras preguntas son las que yo me hago en mis trabajos y, también y en no menor escala, en mi labor como docente. Tradicionalmente, hemos entendido el cine y, en general, la producción audiovisual como estructuras narrativas, como formas de contar, no como formas que piensan. Tradicionalmente, y siguiendo nuestra educación logocéntrica, “pensamos” el mundo, reflexionamos con palabras, y narramos o transmitimos emociones con imágenes.
“Una imagen vale más que mil palabras”, dice la tradición, pero no le concede, sin embargo, la capacidad de generar pensamiento, ya que ésa parece ser una capacidad reservada a las palabras. Sin embargo, hace ya décadas que las diferentes formas de producción audiovisual alumbraban una noción llena de potencial, la del ensayismo cinematográfico, antídoto contra la sujeción del documental a la idea de representación de la realidad en vez de proponerse como lo que realmente es, un discurso sobre lo real. El ensayo visual podría ser no solo una variante nueva de la práctica documental, sino también una herramienta básica para encontrar en el cine no solo una herramienta para contar, sino una herramienta, y fundamental, para pensar nuestra compleja realidad, una realidad donde las imágenes son un territorio político fundamental.

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