Video Trans Americas


Juan Downey

Curada por Carla Macchiavello


Basada en una serie de viajes por el continente americano realizados por el artista chileno Juan Downey, la instalación Video Trans Américas (1976) invita a experimentar un mapa electrónico de las Américas en movimiento. La videoinstalación se articula a partir del trazado de los contornos del continente americano que se extienden por el piso y los muros de la sala. En torno de ellos se ubican catorce monitores de televisión organizados en pares y dispuestos sobre pedestales en el sitio correspondiente a donde fueron filmados. La Frontera, Uros 1&2, Nazca 1&2, Inca 1&2, Cuzco 1&2, Lima/Macchu-Picchu, Yucatán/Guatemala, Nueva York/Texas 1&2 van articulando tanto lugares y regiones, desde ciudades hasta valles, selvas y desiertos, como trayectorias entre y dentro de ellos, dando forma a unos paisajes naturales y construidos, humanos y animales, políticos y ecológicos diversos en el continente. A través de la simultaneidad de las imágenes que muestran aspectos diversos de uno o más lugares, la manipulación de los registros y la articulación espacial de los monitores, Video Trans Américas presenta un continente plural y complejo, desenvolviéndose en el espacio y el tiempo, cambiando por medio de las trayectorias de los propios espectadores.

La instalación se caracteriza por el vaivén y la imposibilidad de fijar una identidad única para las Américas. Este movimiento de ir y venir se articula tanto por medio de la tecnología como por los opuestos que coexisten en el montaje. Por un lado, la disposición de los videos en pares imita físicamente la bipolaridad de nuestro aparato de visión, la distancia entre nuestros ojos y cómo estos órganos captan aspectos distintos de un mismo objeto. Mientras esa información dispar es luego vuelta una imagen relativamente “única” por nuestro sistema cognitivo, estabilizando a su objeto, en la instalación Downey resalta la diferencia y similitud entre lo que muestra cada canal. En vez de producir una síntesis de las imágenes, la organización bicanal de los videos obliga a ejercer un mirar doble, inestable, suspendido entre distintos espacios. Las simetrías físicas de la instalación tienden a descentrar la mirada en la medida en que las secuencias de los videos coinciden y, a la vez, resaltan las diferencias entre lugares y en un mismo sitio. La disposición de los monitores también ayuda a dispersar la mirada en otros puntos de la instalación a través de la visión periférica, ampliando los recorridos posibles de los espectadores y estableciendo al mismo tiempo conexiones entre lugares distantes. Dispersión y reunión, coexistencia de tiempos, tecnologías y saberes distintos: el mapa electrónico de Downey enfatiza la imposibilidad de capturar una sola visión de las Américas, sus habitantes e historias.

Por otra parte, el movimiento también opera en la instalación por medio de la polaridad y sus intersticios, encarnando la noción de “trans”. Las imágenes de los videos varían entre los registros documentales que bordean la etnografía, las imágenes idílicas de paisajes que se asemejan a una postal turística, la mirada interesada o absorta ya sea en la majestuosidad de unas ruinas o el andar de unas hormigas, y la abstracción. Los videos reúnen y contraponen lo fijo y lo móvil, lo orgánico y lo fabricado, civilización y naturaleza, pasado y presente. Pero lo hacen fluidamente, abriendo espacios intersticiales a través de la ruina, de la montaña transformada en terraza de cultivo, del mestizaje, e incluso del video como medio transitorio que ha captado, en una tecnología en vía de extinción, un pasado lejano y a la vez resonante con nuestro presente.

Downey pensó el proyecto Video Trans Américas como una forma práctica y a la vez exploratoria para generar conexiones y mayor comunicación a través del continente. Durante una serie de viajes se harían grabaciones en video que se reproducirían a lo largo del camino a distintas comunidades. El feedback se podría implementar socialmente, poniendo visualmente en contacto a personas y lugares remotos unos de otros e ir “visionando una cultura en su propio contexto y en el contexto de otras, y, finalmente, montando todas las interacciones de espacio, tiempo y contexto en una obra de arte”(1). Si bien al finalizar sus primeros viajes Downey realizó una autocrítica a su propia pretensión de registrar objetivamente a otros y de la capacidad del video para generar cambio social, también encontró en éste un medio dúctil para explorar tanto la percepción como las interconexiones entre culturas y la identidad como algo construido, híbrido e inestable. A cuarenta años de su primera versión, la instalación Video Trans Américas sigue invitándonos a ensayar un mirar distinto, en movimiento, y a experimentar las Américas desde el cambio.

Carla Macchiavello

Muchas de las culturas de las Américas existen hoy en día en total aislamiento, inconscientes de su variedad de conjunto y de los mitos compartidos. Este viaje en automóvil fue ideado para desarrollar una perspectiva integral de las diversas poblaciones que actualmente habitan el continente americano, a través de un relato grabado en video, desde los fríos bosques del norte hasta la punta sureña de las Américas; una forma de evolución en el espacio que envuelve el tiempo, visionando una cultura en su propio contexto y en el contexto de otras, y finalmente montando todas las interacciones de espacio, tiempo y contexto en una obra de arte.

La información cultural será intercambiada mediante lo que se ha filmado en video por el camino, y proyectado en los pueblos para mostrar unas personas a otras y a sí mismas. El papel de artista se concibe aquí como la de un comunicante cultural, un antropólogo activador con un medio de expresión visual: el video.

Nueva York, primavera de 1973 (antes de las expediciones).
Juan Downey

Onandagas, cherokes, navajos, apaches, hopis, aztecas, olmecas, mayas, incas, mapuches, alacalufes comparten una naturaleza, una muerte y un tiempo comunes. Un indígena de las Américas estaba acostumbrado a contemplarse a sí mismo reaccionando a su propia cultura, y a enriquecer los procesos espirituales mediante un diálogo con lo desconocido. Este mito se vuelve contemporáneo en el viaje a caballito que supone la televisión de circuito cerrado: observarse a uno mismo observando aumenta la concentración de la mente.

Llegando a la frontera mexicana, 20 de julio de 1973.
Juan Downey

Yo, el agente de cambio, manipulando el video para decodificar mis propias raíces, había sido descifrado para siempre, y me había convertido en un verdadero vástago de mi tierra, menos intelectual y más poético.

¡Se había alcanzado un nivel inesperado entre esos extraños caminos del corazón!

Nueva York, mayo de 1975.
Juan Downey

Juan Downey, “Relatos descriptivos de Video Trans Américas”, compilado en Nuria Enguita y Juan Guardiola (eds.), With Energy Beyond These Walls (Con energía más allá de estos muros), Valencia, IVAM, 1998, p. 96.

Juan Downey ha creado esta exposición como síntesis y encuentro de varios niveles culturales y sociales de las Américas. La presentación del resultado muestra el más logrado dominio del video como medio que hayamos conocido. La exposición incluye siete grupos de cintas, presentadas en video y dos monitores paralelos, sincronizados en imagen y sonido, para crear una experiencia total y profunda del lugar concreto que se está viendo. Se ordenará geográficamente sobre un mapa de las Américas diseñado por computadora, en proporción a la sala en que se muestra. Cada localización aparecerá en su situación relativa, y las altitudes también serán mostradas por la altura de la peana de cada monitor.

Juan Downey nació en Santiago de Chile. Estudió Arquitectura en la Pontificia Universidad Católica de Chile. En 1965 se trasladó a los Estados Unidos para exponer en la Organización de Estados Americanos (OEA), en Washington D.C. En 1969 se mudó permanentemente a Nueva York, donde llevó a cabo exitosamente su carrera artística y produjo la mayor parte de su obra. Allí realizó exposiciones individuales en el Whitney Museum of American Art, el MoMA y el Jewish Museum, entre otros. Recibió diversas becas: dos Guggenheim; otras del Center for Advanced Visual Studies del MIT, Cambridge, MA; de la Rockefeller Foundation, y varias del National Endowment for the Arts. Enseñó arte en el Hunter College y arquitectura en el Pratt Institute. Vivió con muchas tribus indígenas, entre ellas los yanomami, de la Amazonia (durante ocho meses, en 1976, con su esposa y su hija menor, Elizabeth), donde filmó muchos videos y creó sus dibujos Meditations. Falleció en 1993, a los 53 años, en su casa-estudio de Nueva York.

Carla Macchiavello es historiadora del arte y ha publicado sobre arte contemporáneo chileno y latinoamericano con un énfasis en videoarte, performance y prácticas artísticas orientadas al cambio social. Es profesora asistente en Historia del Arte en el Borough of Manhattan Community College, CUNY, Nueva York, y recibió su doctorado de la Stony Brook University. Ha curado exposiciones de arte latinoamericano reciente y es coeditora de Más allá del fin / Beyond the End, una publicación del programa de arte y ciencia Ensayos, que se desarrolla en la Patagonia.

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