Sobre la tercera edición de la BIM

Imágenes para descreer de las imágenes


Creemos en las imágenes técnicas, aún hoy cuando somos testigos del alto desarrollo que han alcanzado las imágenes de síntesis, fundamentalmente las simulaciones digitales. Frente a una fotografía o un video, también ante la televisión y el cine, vemos el mundo y no una imagen. Mantenemos una mirada fascinada, es asombrosa la solidez de su vigencia. Esto puede constatarse en lo cotidiano: si la fotografía de mi pasaporte está dañada no podré atravesar ninguna frontera. Una imagen técnica de mí me da identidad, tiene más valor por mí que yo mismo.

Frente a las imágenes técnicas somos ingenuos y lo somos en un sentido doble. Si les creemos es porque entendemos que conllevan la verdad de un mundo del que son documento, como si la Verdad existiera. Entonces creemos que hay una Verdad y no versiones variables, dinámicas, sobre el mundo. Quizá sea por esto que nos cuesta comprender una imagen como una imagen, porque no logramos entender que no hay Verdad a la cual referirse. Esto se vuelve singularmente peligroso porque vivimos, cada vez más, rodeados de pantallas. Ellas nos educan, forman nuestra estructura de valores y, en coro, despliegan una versión del mundo que se impone como verdad. En la década del 60, con su comercialización popular, el video entró en la escena del underground con un esperanzador discurso de diversidad. Paradójicamente hoy estamos en un lugar aún peor, ese instrumento antes inimaginable, esa potencial herramienta de liberación que es internet es utilizado por niñas para difundir sus tutoriales de maquillaje y así expanden gratuitamente una cultura que las cosifica. Esto es coherente con el sistema social en el que vivimos, un modelo que niega su ideología y la presenta como Verdad natural. Así aceptamos la injusticia en la que se basa y de la cual es presa la grandísima mayoría de los humanos.

El Arte no es capaz de transformar esta realidad, no puede cambiar el mundo, para eso estaría la política. El Arte simplemente genera nuevas relaciones entre las cosas y, en el mejor de los casos, a partir de esto tal vez llegue a producir en alguien una reflexión antes improbable. Sabe a escaso, pero en realidad no es poca cosa. Por eso en la BIM desplegamos una multitud de imágenes pensativas, pantallas que vibran repletas de ideas. Son imágenes que se saben imágenes y que invitan al espectador a verlas como tal, que le indican que no hay una Verdad a la cual referirse. El diálogo que se entable entre ellos podrá tomar un sinfín de direcciones y si es auténtico producirá el germen de un conocimiento nuevo. Ojalá que ese crecimiento nos sirva para ser menos ingenuos y más libres.

Gabriela Golder y Andrés Denegri